Vatos: hay que sentir.

Por Luis Ruiz

A los hombres nos enseñaron desde muy chiquitos que teníamos derecho a acceder a casi todo: el éxito, el dinero, el sexo, el poder… Lo único que estaba “off limits” era la sensibilidad. Y entonces, por comprobar que sí somos vatos de verdad, nos convertimos en piedras. ¿Y si todo este tiempo, preocupándonos por ser hombres muy hombres, nos hemos olvidado de lo que nos hace humanos?


Ya va siendo hora de que empecemos a sentir. Sentir miedo de no saber cómo desaprender nuestras conductas machistas y pedir ayuda. Sentir la necesidad de pedir disculpas por nuestros errores del pasado y el presente. Sentir todo lo que llevamos años reprimiendo y hacernos responsables de trabajarlo.


A muchos de nosotros ni siquiera nos dejaron ver películas de amor, jugar a la familia o cocinar en nuestra infancia porque “no eran cosas de hombres”. Por cumplir con las exigencias de la masculinidad no aprendimos a ser humanos funcionales que aman, aportan al hogar de manera equitativa y disfrutan de cuidar a otrxs. Ya va siendo hora de que olvidemos esas ideas que tanto nos han dañado y aprendamos otras nuevas.


Tenemos tanto miedo de sentir lo que nos dijeron que era prohibido que hasta tememos a ir al proctólogo porque “no nos vaya a gustar que nos meta el dedo” y terminamos descuidando nuestra salud por no fallarle a los mandatos patriarcales.

Spoiler alert: del proctólogo seguramente no te va a causar placer (aunque tampoco te va a doler), pero si alguien lo hace con cariño y lubricación, seguramente te la vas a pasar muy chido y no se te va a caer el pene.


¿Y si lloramos de pura felicidad? ¿Y si le decimos a nuestrxs mejores amigxs que lxs queremos? (Aguas, “se te quiere” no se vale) ¿Y si sentimos placer sin tener que demostrar que somos dominantes? ¿Y si hablamos de nuestras inseguridades? ¿Y si vamos a terapia? ¿Y si pedimos disculpas? ¿Y si cuidamos en lugar de competir? ¿Y si nos vestimos como se nos de la gana? ¿Y si gritamos de emoción leyendo una historia de amor? ¿Y si aprendemos a bordar o a cocinar? ¿Y si nos tomamos una nude que no se la típica dick pic? ¿Y si le escribimos una carta a nuestras familias expresándoles todo lo que sentimos?

¿Y si nos dejamos de hacer p*ndejos y nos permitimos sentir?