¿Todxs nuestrxs cuerpxs caben en el orgullo como lo entendemos hoy?

“Es hora de celebrar la diversidad corporal además de la sexual. Necesitamos una revuelta de la carne indisciplinada contra la policía de los cuerpos, sus estándares microfacistas de normalidad y todo deseo ordenado.” - Laura Contrera


Creo yo que la repetición de discursos tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Por un lado, cuando los conceptos se hacen visibles y las experiencias se ponen en palabras se vuelven reales, se normalizan. Por otro lado, cuando repetimos tantas veces las mismas palabras, los mismos discursos, pueden perder el sentido. Creo que esto nos ha pasado con la palabra “diversidad”.


Dentro del discurso de la comunidad LGBT+ usamos la palabra diversidad todo el tiempo y hablamos de la importancia de que exista en todos los espacios. Sin embargo, hay otros aspectos de la diversidad que a veces pareciera que se nos olvidan; por ejemplo, que dentro de la diversidad sexual existe la diversidad funcional, la cual se refiere a “que cada miembro de la sociedad tiene unas determinadas capacidades, que deben ser gestionadas de modo que no se produzcan exclusiones o discriminaciones.”


Empezando con lo más evidente: los espacios LGBT+ no están pensados para la diversidad funcional. Y no hablo solo del hecho de que pareciera que los espacios LGBT+ están muy inclinados a la vida nocturna y el consumo de alcohol (que ese es tema para otro día), sino también a que las marchas, los conversatorios, los eventos muchas veces no están pensados en el acceso para las personas en silla de ruedas o con perros guía, por poner un par de ejemplos.


También está el problema de que muchas personas que viven con una discapacidad pueden depender de sus familias para movilizarse por la ciudad lo cual, para una persona en el clóset, puede alejarle por completo de los espacios. En un artículo de El País, Virginia López hablaba de las ventajas que ha tenido la pandemia para muchas personas LGBT+ con discapacidad, ya que al trasladarse todos los eventos a espacios virtuales fue más fácil el acceso y la creación de vínculos con la comunidad.


El clóset es otro tema que, aunque nos concierte a todxs, tiene sus propias dificultades cuando se vive con una discapacidad. La infantilización y la constante violación de los derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad hacen el vivirse como parte de la diversidad sexual sea mucho más complicado.


En un estudio sobre mujeres con discapacidad y los derechos sexuales, María del Pilar Cruz Pérez recupera testimonios de mujeres que cuentan las expresiones de sorpresa y hasta desaprovación que recibieron por parte de familiares, amistades y hasta profesionales de la salud al preguntar sobre métodos anticonceptivos, experiencias con la sexualidad o la idea de tener hijos. Todavía vivimos en una sociedad donde pareciera que tenemos que pedir permiso o “ganarnos” el vivir y explorar la sexualidad, cuando es algo con lo que nacemos.


Hacer como que estas problemáticas no son parte de la lucha LGBT+ implica cerrarle la puerta a personas que son tan válidas y tan parte de la bandera como cualquier otra persona. Debemos incluirles en los discursos, respaldar sus luchas y visibilizar su trabajo, pero sobre todo debemos buscar que “los” espacios sean “nuestros” espacios. Donde todxs signifique todxs.


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