No perdonamos ni ¡olvidamos!

Por Andrea Ramos


“No perdonamos ni ¡olvidamos!” es una de las frases que marcan la sede de la CNDH como un espacio tomado por las mujeres que se han cansado de que su dolor sea ignorado.


En 2017, Lya, una niña de 5 años, fue abusada sexualmente por trabajadores del colegio al que ella asistía en San Luis Potosí. Tres años y muchas denuncias después, los agresores siguen libres y los reclamos de su madre, Marcela, siguen ignorados.


El pasado 2 de septiembre, Marcela, junto con otros familiares de víctimas de violencia, asistieron a la CNDH en busca de justicia, la cual, una vez más, se les fue negada con el disfraz de la burocracia y los procesos jurídicos. Marcela, desesperada después de años de negativas, decidió atarse a una silla hasta conseguir una solución a su denuncia. Varias personas se quedaron dentro del edificio junto con Marcela.


Al día siguiente, colectivos feministas acudieron al lugar para brindar su apoyo a las familias de las víctimas y tomar, por completo, la sede de la CNDH, la cual ha sido renombrada “Casa de Refugio Ni Una Menos”. Hasta el momento, más de cien personas han acudido al refugio en busca de justicia.


Desde la toma del espacio han sucedido tres acontecimientos destacables:

  1. La exposición de los lujos dentro de la CNDH.

  2. Intervención artística de pinturas de personajes históricos.

  3. Condiciones solicitadas por las feministas para la liberación del espacio.


López Obrador sólo ha hecho comentarios sobre una de estas tres: la intervención de las pinturas, haciendo énfasis en que “no le gustó” lo que hicieron con la pintura de Madero y cuestionando por qué las personas no “dialogaron” con la presidenta de la CNDH antes de tomar estas medidas.


Entre las condiciones de los colectivos para liberación del espacio destacan:

  • Subsidio para la Alerta de Violencia de Género en siete estados de la República.

  • Retiro de la campaña “Cuenta hasta diez”.

  • Final del discurso de descalificación del movimiento feminista.


Estos eventos son consecuencia de un Estado indiferente ante el dolor de la gente, un Estado que minimiza las luchas de las mujeres víctimas de violencia y que espera que un día nos cansemos de exigir justicia.


Hoy, como comunidad, nos toca apoyar a las compañeras que ponen el cuerpo en la Casa de Refugio Ni Una Menos. Apoyemos con donativos, económicos o en especie, difundiendo información de cuentas cercanas al movimiento y oponiéndonos a aquellos que buscan desacreditar su lucha.