El silencio ante el odio es complicidad.

Por Greta Ángel.


Lamentablemente, los posicionamientos transfóbicos se encuentran a la orden del día y ocupan cada vez más espacios, más cercanos. “Argumentos” que van desde el determinismo biologicista hasta citar a nada más y nada menos que Hitler, se han hecho presentes en diversas redes sociales y se han planteado como posicionamientos oficiales de agrupaciones que se declaran a sí mismas activistas y defensoras de los derechos de grupos en condición de vulnerabilidad.


Lo más preocupante de todo esto, es que una vez que se señalan estos posicionamientos como discurso de odio, existe una respuesta constante que considera que el señalamiento es acoso selectivo.

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Es muy importante recordar que cuestionar e interpelar posiciones que buscan atacar, agredir y menoscabar a otras personas no es persecución ni hostigamiento, sino reconocer las violencias que se presentan y buscar formas de erradicarlas. Estos grupos antiderechos que se han adentrado en movimientos sociales (no puedo creer que esto sea una realidad) promueven la incitación del discurso de odio, que es una forma de expresión muy peligrosa, ya que tiene por objeto explícito y deliberado dar lugar a discriminación, hostilidad y violencia hacia aquellas personas que no entran dentro de sus parámetros ideológicos o “del deber ser” (como por ejemplo decir que los músculos de las mujeres son más flexibles que los de los hombres y por eso no debe haber mujeres trans en competencias de gimnasia rítmica ¿? WHAT).


Si bien no existe una definición jurídica internacional del discurso de odio, las Naciones Unidas consideran que discurso de odio es cualquier forma de comunicación de palabra, por escrito o a través del comportamiento, que sea un ataque o utilice lenguaje peyorativo o discriminatorio en relación con una persona o un grupo sobre la base de quiénes son o, en otras palabras, en razón de su religión, origen étnico, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otro factor de identidad.

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En muchos casos, el discurso de odio tiene raíces en la intolerancia y el odio, o los genera y, en ciertos contextos, puede ser degradante y divisivo. Históricamente hemos visto cómo estos discursos de odio han desde: limitado la libertad de expresión (como en cierto medio periodístico mexicano) hasta vulnerado la integridad y la vida de las personas.


No se pueden defender derechos exigiendo la limitación o vulneración de derechos de terceras personas. Si tu activismo consiste en oprimir a otras personas, no eres activista, eres unx agresorx más que continúa reproduciendo esquemas de poder que se supone buscas erradicar. Reconsidera tu discurso, escúcha y empatiza.