Mujer, LGBTQ+ y feminista: qué complicado.

Por Greta Ángel


Realmente nunca ha existido una definición absoluta de feminismo. El movimiento feminista no es un dogma incuestionable: a través de la historia y con la construcción de distintas corrientes y teorías, se han presentado diversas vivencias, experiencias y significaciones del mismo.

Podemos identificar que desde la segunda ola del feminismo, por ejemplo, se alentó a las mujeres a luchar contra el patriarcado para lograr la igualdad en la fuerza laboral, y por los derechos reproductivos y de voto igualitario. Sin embargo, muchas activistas negras también buscaban la igualdad de derechos y las mujeres blancas que lideraban este movimiento no reconocieron sus diferentes experiencias basadas en raza, etnia y clase.

Parece ser que hoy en día nos afrontamos a otra inflexión histórica dentro del movimiento feminista, en el que la carencia de reconocimiento de realidades distintas a la propia y la intención de universalizar la vivencia del ser mujer™ son la norma.

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Día a día como mujeres sáficas nos enfrentamos a comentarios como “si eres bisexual, te encuentras condicionada por el patriarcado y sigues relacionándote con el enemigo”, “si eres pansexual y te relacionas con personas trans, sigues valorando lo masculino sobre lo femenino, traidora”, “ser sáfica no es congruente con la teoría feminista™, mala feminista”. Parece ser que las mujeres debemos seguir condicionadas a estándares externos impuestos para ser valoradas como personas.

Es importante recordar que nuestra teoría y academia son medios, no fines. No permitamos que la misma nos nuble nuestra empatía y recordemos que hay siempre realidades distintas con la misma validez que la nuestra. Que nuestro privilegio no limite nuestra capacidad para comprendernos, acompañarnos y abrazarnos.