Marisela Escobedo: a 10 años de su muerte.

Por Andrea Ramos.


El pasado 16 de diciembre se cumplieron 10 años del asesinato de Marisela Escobedo, quien pasó casi dos años protestando por el feminicidio de su hija, Rubí. ¿Por qué el caso de Marisela sigue siendo vigente una década después?


  • En México los feminicidios todavía no son tomados en serio. Aunque el presidente diga lo contrario, aunque los vatos™ digan que exageramos, un homicidio y un feminicidio no. son. lo. mismo. Porque no tienen el mismo fin, porque los cuerpos no son humillados de la misma manera, porque los hombres no temen morir a manos de sus parejas o conocidos. No eran lo mismo hace diez años, no son lo mismo ahora.

  • Solo uno de cada dos feminicidios es castigado. Porque “crimen pasional”, porque “no hay que destruir la vida de los hombres”, porque “seguro se fue con el novio”. Ninguna de las frases anteriores es justificación para violentar y asesinar a una mujer. Los hombres destruyen nuestra vida y ni modo, así las cosas; pero no vayamos a arruinar la vida y reputación de ellos porque qué manera de romper el equilibrio.

  • Al cumplir los 15 años, aumenta la posibilidad de morir por feminicidio. Pero sigamos haciendo como que los XV’s no son un ritual de apareamiento, que pedir que “legalicen” a las de 16 no es cultura de la pedofilia y que los hombres teniendo novias 10 años más jóvenes que ellos no fomenta la violencia.

  • Según Forbes, México está entre los 20 peores países para ser mujer. Nos matan, nos desaparecen, nos violentan, nos callan y el país sigue, porque ¿cómo vamos a parar por algo así?

  • Porque exigir justicia sigue siendo castigado. Revisemos el 2020 y veamos la respuesta que tuvo la policía a diferentes manifestaciones feministas, Cancún, CDMX, León y muchas otras ciudades reprimieron los gritos y demandas de justicia por parte de las colectivas. Ah, pero no fuera un festejo por un partido de futbol porque los policías ni sus luces.


Diez años después de su asesinato, México sigue como Marisela Escobedo lo vio por última vez: violento, misógino y lleno de impunidad. El caso de Marisela es uno de miles a los que el país les debe mucho más que solo homenajes. Porque no necesitamos entender, necesitamos justicia; no necesitamos “portarnos bien”, necesitamos justicia; no necesitamos escuchar que “la violencia no tiene género”, necesitamos justicia. Y haciendo eco a Marisela y otras mujeres luchadoras, seguiremos exigiéndola.