El orgullo busca la liberación de todos los cuerpos

El movimiento por los derechos de las personas LGBTQ+ busca, siempre, que todas, todes y todos podamos ser absolutamente libres. Sin embargo, la libertad espanta al sistema que se beneficia de que nosotrxs y nuestros cuerpos estemos repletxs de inseguridades y supuestas “fallas”. Un cuerpo inseguro es dócil, controlable, sumiso.


En su librazo “Queer: a graphic history”, Meg-John Barker y Jules Scheele plantean que al cuerpo lo afectan al mismo tiempo muchísimas relaciones de poder (como el género, sexualidad, racialización, salud mental, discapacidades, edad, apariencia, etcétera) y que gracias a ello las personas somos dolorosamente conscientes de qué tan “normales” somos para el contexto que nos rodea.


El sistema nos dice que debemos buscar nuestro que nuestro cuerpo se vea y exista de la forma más “normal” posible para vivirnos integradxs a la sociedad. El orgullo LGBTQ+ se opone totalmente a esta idea, como comunidad debemos saber que la normalidad de los cuerpos es un invento que busca debilitarnos y llenarnos de inseguridades. Hoy quiero platicar de algunas libertades que son necesarias para que todxs lxs cuirs del mundo seamos verdaderamente libres.


Exigimos libertad para compartir nuestros cuerpos con quien(es) se nos antoje,


Creo que el sistema nos ha tendido una trampa de la que tenemos que huir: la idea de que para tener una lugar en la sociedad, lxs LGBTQ+ tenemos que ser “respetables” para estándares heteronormativos, es decir, vivirnos en monogamias obligatorias, matrimonios y familias con roles tradicionales.


Nada de eso está mal, qué chido quien se vive felizmente así, pero para que todxs seamos verdaderamente libres tenemos que entender que la única persona que es dueña de un cuerpo es aquella que lo habita y que juzgar la manera en que otrxs viven su placer es extremadamente heterocisnormativo y patriarcal.


Se nos ha olvidado o nos ha dado pena decirlo por no vernos “poco respetables”, pero el orgullo es, también, ese que se vive en los baños y vapores, en los antros escondidos, en las relaciones no monógamas, en quienes libremente deciden hacer con su cuerpo y con su placer lo que les da su regalada gana. Juzgar esto es totalmente contrario al orgullo.


Libertad para no compartir nuestro cuerpo si no queremos


Sin embargo, en este discurso de “liberemos nuestros cuerpos” se nos ha olvidado, muchas veces, que las personas asexuales y demisexuales, por ejemplo, también pertenecen a nuestra comunidad. Para ellxs también es la lucha por la liberación de nuestros cuerpos.


En su libro “Ace: What asexuality reveals about society, desire and the meaning of sex”, la escritora asexual Angela Chen cuenta su experiencia con personas “woke” que todo el tiempo le dicen que no tener una vida sexual súper emocionante, sex-positive y con la mayor cantidad de parejas posible es una falla política que la vuelve menos queer y feminista.


Lo que ella propone es que eso no tiene sentido, en sus palabras: “Una sexualidad liberada -es decir, una sexualidad libre de humillación social- puede verse como promiscuidad o como celibato. (...) Es posible motivar a otrxs a experimentar y también confiar en ellxs si dicen que el sexo no les provoca nada.”


Nuestros cuerpos serán libres hasta que ninguna persona se sienta presionada -por la razón que sea- a vivir su sexualidad de cierta manera.


Libertad para acceder a los espacios de celebración sin ser limitadxs


Algo que, como comunidad, nos urge cuestionarnos es si estamos haciendo nuestros espacios suficientemente accesibles para todos los cuerpos o si estamos siendo inconscientemente excluyentes con, por ejemplo, las personas con discapacidades.


El capacitismo en la comunidad LGBTQ+ (como en el resto de los espacios del mundo, tristemente) es una realidad que urge atender y erradicar. En 2018, por ejemplo, el personal del icónico bar queer Stonewall Inn le negó la entrada a una persona ciega y a su perro de compañía, con la excusa de que necesitaba un registro.


¿Qué tan fácil es habitar nuestros espacios de celebración en una silla de ruedas? ¿Qué tan adecuados son los contenidos que generamos para quienes no pueden escuchar nuestras palabras? ¿Qué tan amable es una marcha del orgullo para una persona que no tiene alguna de sus extremidades? Nunca olvidemos lo que alguna vez dijo Marsha P. Johnson: “Una persona nunca tiene completamente sus derechos hasta que todas las personas tienen sus derechos”.


Libertad para construir nuestra corporalidad de acuerdo con nuestras identidades


Los cuerpos trans y travestis están en constante amenaza simple y sencillamente por ser como son. En su libro “Latinoamérica queer: cuerpo y política queer en América Latina”, Héctor Domínguez-Ruvalcaba habla del tema y dice que muchas de estas violencias nacen de que “el sujeto trans representa un peligro fundamental para la heterosexualidad” y “el travesti cuestiona la autenticidad del género, mostrando que la actuación de lo heteronormativo también es travestismo”.


Los cuerpos de las personas trans y travestis (esas múltiples T’s del acrónimo LGBTTTIQ+) son constantemente atacados por “un mandato social impulsado por un discurso religioso incendiario” que les invalida, violenta y deshumaniza en nombre de una supuesta “esencia” atada a lo cromosómico.


La liberación de nuestros cuerpos nunca estará completa si no se deshace de toda transfobia.


https://www.instagram.com/p/CPnz6F6l18S/

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