¿Cuándo podremos respirar?

Por Luis Ruiz

Holi, bienvenides a ¿Todo bien en casa?, un espacio de Abrazo Grupal en el que miramos al mundo, bien malito de su heteronormatividad, y le preguntamos de qué forma podemos ayudarle.


Hace no tantos años, en 2015, la comunidad LGBTQ+ de Estados Unidos celebraba la decisión de su Suprema Corte que establecía que el derecho fundamental a contraer matrimonio aplicaba también a parejas del mismo sexo, decisión que requiere que todos los estados de ese país, sin importar qué tan conservadores sean, ejecuten y reconozcan el matrimonio igualitario con todos los derechos y responsabilidades que esto implica para las parejas.


Qué bonito, ¿no? Pues…hace poco, ante la muerte de Ruth Bader Ginsburg y el nombramiento de la nueva juez, tu tía provida que te manda noticias falsas de páginas católicas, Amy Coney Barrett, los medios empezaron a llenarse de titulares como:

Y no, yo no vengo a hablar sobre la suprema corte estadounidense, pero me parece un excelente ejemplo de una realidad que las personas LGBTQ+ vivimos en todo el mundo: no solamente la falta de reconocimiento de nuestros derechos, sino el miedo que tenemos a que los derechos que ya se nos reconocen, se nos vuelvan a quitar.


Y es que hay un problema grande con que nos hacen creer que nuestros derechos son “regalitos”. Así como, “a ver niños, ya, dejen de hacer tanto alboroto, tengan su juguetito para que le bajen a su relajito, nomás no se vayan a portar mal porque me lo van a tener que regresar”.


Y sí… ya sé que muchos vatos leyendo esto ya están escribiendo su comentario en el video:


JAJAJA YA NO SABEN DE QUÉ QUEJARSE ESTA GENERACIÓN DE CRISTAL LOL XD XP YA SE PUEDEN CASAR YA DE QUÉ SE QUEJAN JEJEJE VOY A JUGAR FIFA Y ACOSAR MUJERES BYE AMIGOS VIVA LA FAMILIA SOY PROVIDA YEAH

Peeeero lo que estamos viendo con lo que está pasando en Estados Unidos es que sí, hemos logrado que se nos reconozcan muchos derechos que merecíamos y eso es algo de celebrarse, pero es difícil estar tranquiles con los logros cuando activamente hay grupos que dedican su vida a encontrar las formas de dar pasos para atrás. Es como si fueras Jolette, al fin logras salir de la Academia, pero Lolita Cortés te persigue el resto de tu vida para seguir diciéndote que tu voz de cabeza suena muy mal: nunca podrías respirar.




Y esto no es una alucinación. En septiembre de este mismo año en México, el INE le otorgó el registro al Partido Encuentro Solidario (un remake del Partido Encuentro Social, aliado del presidente López Obrador), en cuya asamblea constitutiva participan ministros de culto cristianos y que, entre los valores del partido, mencionan “el fortalecimiento de la familia”. Este partido alberga ideas de ultraderecha que se oponen a garantizar los derechos de las personas LGBTQ+ en el país.




El sociólogo especialista en religiones, Bernardo Barranco, ha documentado cómo este partido busca imponer lo religioso sobre lo político. En el mundo, y especialmente en Latinoamérica, se ha identificado una estrategia de actores políticos que, vulnerando el estado laico, buscan imponer ideas religiosas en las leyes, impulsando medidas como:

  • la eliminación del término “género” en políticas y legislaciones, marginando radicalmente a las personas trans.

  • la prohibición de la educación sexual integral en las escuelas.

  • frenar iniciativas que proponen la legalización del matrimonio igualitario.

Y entonces surge la pregunta: ¿en qué momento podemos respirar? Porque parece que cada vez que damos un paso hacia la igualdad y la no discriminación, grupos de personas que no tienen nada mejor que hacer se organizan.


Y, okey, ustedes pueden decir: no son tantos, dejémoslos que se junten a platicar sobre cómo extrañan “los buenos tiempos” en los que podían engañar a sus esposas y pegarle a sus hijos sin que nadie les dijera nada.


El problema es que cada que un grupo antiderechos decide hablar, los medios de comunicación les dan una plataforma para, entre comillas, “debatir”. ¿Por qué? Porque el morbo vende. Y ver a un señor insistir que la homosexualidad es una enfermedad que se cura en pleno siglo XXI es, justificablemente, escandaloso. El problema es que, con la excusa del escándalo, los medios siguen permitiendo que a los hogares de las personas lleguen las voces de quienes exigen un supuesto derecho a discriminar.



Y lo que no piensan. O, viendo lo malvados que son la mayoría de los empresarios de las comunicaciones, chance si piensan y les vale, es que del otro lado de la televisión puede haber un niño, niña o niñe LGBTQ+ que está escuchando y recibiendo, una vez más, el mensaje de que no debe ser quien es y que el clóset es el lugar al que pertenece.


Quisiera que este video fuera menos serio. Quisiera estar menos enojado. Menos triste. Pero es cansado sentir que tus derechos y el respeto que te has tenido que ganar de parte de la sociedad, son solamente prestados. Es muy pesado ver cómo, a pesar de que la ciencia, los derechos humanos y la decencia básica están de nuestro lado, sigue habiendo personas, a veces muy cercanas a nosotres, que prefieren escuchar las voces de charlatanes, nazis y criminales que buscan que sigamos siendo ciudadanos de segunda. ¿Todo bien en casa?