Con tu masculinidad tóxica todes la pasamos mal (sobre todo tú)

¿Qué es la masculinidad tóxica? también nombrada por la Asociación Americana de Psicología (APA) como “ideología tradicional de masculinidad” es el resultado de enseñar a quienes se identifican como hombres a reprimir sus emociones, mantener una apariencia “dura” y utilizar la violencia como indicador de poder. Esto lleva a conductas agresivas y violencias en los hombres hacia los demás y hacia ellos mismos.

¿Por qué la masculinidad es tóxica?

Vivimos en una sociedad patriarcal, un sistema que postula que los hombres son superiores a todo lo considerado débil, especialmente a las mujeres, cosa que les lleva a dominar todo por medio de la violencia.

La escritora bell hooks dice que, para tomar su papel como hombres patriarcales, a estos se les exige ceder su derecho a sentir y amar.

¿Cómo se aprende la masculinidad tóxica?

Desde niñxs el patriarcado nos comunica sus mensajes sobre lo que deben ser los hombres: aprendemos que por una supuesta “naturaleza” son violentos, adictos al sexo, heterosexuales obligatoriamente, con poco interés en las emociones, homofóbicos y transfóbicos, padres distantes, etcétera.

El sistema nos enseña que ser hombre y no cumplir con estas características es motivo de vergüenza y es común que, como sociedad, seamos nosotres quienes provoquemos esa vergüenza con comentarios, burlas, regaños y reclamos.

¿La masculinidad también daña a los hombres?

Olga Silverstein dice:

“¡Los hombres no están sobreviviendo muy bien! Los mandamos a la guerra a matar y ser matados. Se acuestan a la mitad de la carretera para probar su hombría (…) Se suicidan cuatro veces más que las mujeres, son víctimas de homicidio (generalmente en manos de otros hombres) tres veces más que las mujeres, por lo tanto viven más o menos ocho años menos que ellas.”

La masculinidad tóxica nos está matando!

La escritora bell hooks incluso plantea que los niños socializados para convertirse en patriarcas son víctimas de abuso, pues no aprenden a reconocerse merecedores de amor, sino que conciben las relaciones como producto de poder, control, secrecía, miedo, vergüenza, aislamiento y distancia.

Dice: “Cuando los hombres son obligados a usar una máscara de un falso “yo”, su capacidad para vivir plena y libremente es severamente disminuida. No pueden experimentar alegría y no pueden amar verdaderamente.”

La respuesta es la deconstrucción

Cuando hablamos de deconstruirnos nos referimos al incomodísimo proceso de desaprender mucha de la basura que aprendimos en la infancia (prejuicios, supuestas esencias, obligaciones) para aprender nuevas formas de existir y relacionarnos en la sociedad.

A los hombres nos toca buscar nuevas formas de ser: alejarnos de la violencia, entrar en contacto con las partes de nosotros que nos dijeron estaban prohibidas, asumir responsabilidades afectivas, hacernos cargo de comunicar nuestras emociones y desechar todo aquello que limita nuestra libertad.