Las lesbianas y su heroísmo en la pandemia del VIH/SIDA.

Por Luis Ruiz.

Quizás muches jóvenes LGBTQ+ no lo sepan, pero en la década de los 80 los hombres gay, bisexuales y las mujeres trans se vieron ampliamente afectades por la pandemia del VIH/SIDA: el estigma, la incertidumbre y la probabilidad de la muerte se volvieron parte de su realidad.


Mientras los hombres gay/bi y mujeres trans sufrían exclusión diaria (algunes profesionales de la salud se negaban a atenderles) y veían a sus amigues y amantes morir masivamente, grupos de mujeres lesbianas comenzaron a organizarse para ayudar y acompañar a quienes sufrían y padecían el virus y la enfermedad que provoca.

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En 1983 Estados Unidos empezó a prohibir que los “hombres que tienen sexo con hombres” donaran sangre, impidiéndoles apoyar a quienes como consecuencia del SIDA padecían de anemia severa.


Ese mismo año se constituyeron las San Diego Blood Sisters, un grupo de mujeres lesbianas que organizaron jornadas de donación de sangre para asegurarse de que esta nunca fuera insuficiente para los hombres bi/gay y mujeres trans que padecían por el VIH/SIDA.


Los blogueros LGBTQ+ y escritores Tom & Lorenzo mencionan que hay que tomar en cuenta que en aquel momento las mujeres queer habían tomado distancia del movimiento global por los derechos de la diversidad sexual, debido a que este se había enfocado principalmente en los hombres cis, sin embargo, ante la pregunta de "¿Por qué hacer esto cuando sabemos que ellos no harían lo mismo por nosotras?" se respondieron "Hagámoslo de todos modos".

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También está la doctora Kristen Ries y su compañera Maggie Snyder (quien eventualmente se convirtió en su esposa): juntas fundaron la primera y única clínica de atención a personas con VIH/SIDA en Salt Lake City, en un momento en el que los doctores de la ciudad se negaban a atenderlas. Desarrollaron una forma de cuidados paliativos centrada en el contacto humano y los abrazos, porque lxs pacientes se sentían sucixs y avergonzadxs.


Las mujeres lesbianas, históricamente invisibilizadas y marginadas, se convirtieron en heroínas durante la crisis del VIH/SIDA, siendo activistas, cuidadoras y manteniendo vivo el sentido de comunidad en un tiempo en el que era sumamente necesario. En la primera convocatoria se esperaban cincuenta mujeres y aparecieron más de doscientas, dispuestas a donar su sangre a personas de su comunidad que la necesitaban para sobrevivir.


De estas mujeres y su entrega durante la crisis, aprendemos la importancia de cuidarnos entre todes y de ser comunidad para protegernos de la violencia estructural, el odio y las desigualdades.