Masculinidad: ¿se destruye por *ahí atrás*?

Por Luis Ruiz

En los espacios masculinizados y heteronormados (donde muchas veces también participamos los hombres gay) abundan comentarios que giran alrededor de un tema: la p*nteración por la puerta de atrás.


He estado viendo distintas emisiones de comedia (sobre todo de comediantes hombres heterocis) y comprobando, sin lugar a dudas, que el s*xo an*l sigue siendo utilizado como recurso para denostar al otro y hacerle ver que es “inferior”: por alguna razón le damos una connotación de dominación, poder y sometimiento.


Abundan en todo tipo de espacios los chistes e insultos de “activos” y “pasivos”, en los que es el activo quien mantiene su masculinidad y, con ella, el poder de dominar; mientras que el pasivo es sometido, violentado y emasculado. Esta idea no es exclusiva de los vatos heterocis, se replica constantemente en círculos de hombres gay.

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Es curioso, porque basta consultar la más básica de las fuentes sobre sexualidad humana (y la experiencia de millones de personas de todas las orientaciones e identidades) para saber que *esa zona del cuerpo* abre un montón de posibilidades de placer individual y compartido.


Sin embargo, estos chistes, insultos y comentarios indican que muchísimos hombres heterocis (y algunos hombres gay también) siguen pensando:

  1. Que está prohibido utilizar esa parte de su cuerpo porque, consideran, daña inmediatamente su masculinidad como una especie de botón de autodestrucción.

  2. Que el s*xo es un asunto de dominación sobre lxs otrxs en el que el hombre siempre tiene que ser quien domina para preservar su “ser hombre”.

  3. Que los chistes de abuso son graciosos.

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Es urgente combatir estas ideas porque:

  1. No usar una parte de tu cuerpo que puede ser sumamente placentera nada más porque crees que te hace “menos hombre” (lo que sea que eso signifique) es como tener una computadora pero nunca conectarla a internet, ¡es privarte de vivir una experiencia completa!

  2. La creencia de que el s*xo es una experiencia de dominación masculina se traduce en violencia hacia lxs otrxs y represión de la propia búsqueda del placer.

  3. Los chistes de abuso no son graciosos, son preocupantes y focos rojos en quien sea que los diga y/o se ría de ellos.


Pero podemos llegar a extremos aún peores, esa zona está tan estigmatizada que más de una persona en el internet ha compartido encuentros desafortunados con hombres que no tienen limpia esa zona. ¡¿Por qué?! Porque muchos hombres no se atreven ni siquiera a verla ni limpiarla a profunidad… ¡no les vaya a gustar!


Me gustaría sintetizar en dos puntos:

  1. Nadie tiene por qué decirte cómo usar o no tu cuerpo. No es no, siempre. Si no te sientes listo o genuinamente no se te antoja involucrar esa parte de tu cuerpo en tus encuentros s*xuales, no lo hagas. Quien te presione u obligue a hacerlo está cometiendo un crimen.

  2. Cuando c*gemos con la presión de obedecer los estereotipos de género, c*gemos mal. Buscar tu placer más allá de lo heteronormativo no te hace “menos hombre”. Y, tbh, si la masculinidad hegemónica explota y se desintegra tan fácilmente, ¿de verdad vale la pena conservarla?


La masculinidad, así como la tenemos construida, nos limita de muchas formas. Una de ellas es en la vivencia plena, libre, horizontal y no violenta de nuestra sexualidad. Muchos hombres hemos sufrido de inseguridades en el s*xo al darnos cuenta que no podemos ser Christian Grey o alguno de esos personajes que (en su ser ficticios) cumplen con todo lo que el “hombre perfecto” debería cumplir.


Yo digo que mandemos a Christian Grey a la v*rga. Si nos despojamos de la idea de que la s*xualidad para los hombres tiene que ser de una forma y todo lo demás es vergonzoso y despreciable, podremos desterrar a la violencia y la rigidez de nuestras habitaciones y empezar a vivirnos en plenitud, sensibilidad y libertad.